08 octubre, 2007

Joven Tay (1º Parte)

Joven Tay cerró con mucho cuidado la gran puerta del monasterio. Juntó sus manos e hizo una solemne reverencia ante la casa que le había acojido durante la infancia. Luego, apretando los ojos para no dejar caer las lágrimas, pidió perdón por marcharse. Ese no era su lugar. Allí nadie le amaba. A lo más, le admiraban. Sí. Admiraban su cuerpo y la destreza con que practicaba las artes marciales. Admiraban la capacidad que tenía para recordar todas las enseñanzas de los grandes maestros . Admiraban su elocuencia y la ternura con la que trataba a todas las criaturas. Pero en ese lugar construído por y para hombres, la admiración estaba más cerca de la envidia que del amor. De esto se dio cuenta el día que confesó estar enamorado del sol.
¡ Un joven monje, enamorado del sol !
Los maestros guardaron silencio. Sus amigos se burlaron. Y el resto comenzó a mirarle con una desconfianza que le quitaba el aliento y enfriaba su corazón.
Joven Tay pasó noches enteras llorando, días eternos pensando en qué clase de criatura era al estar locamente enamorado de otra criatura a la que por naturaleza nunca podría acceder. Pero cada vez que pronunciaba el nombre de su amado su corazón ardía y se apoderaba de su alma la certeza de que sólo junto a él podría alcanzar la felicidad.
Un día, hurgando en los libros ocultos del monasterio, descubrió que no era el primer joven hermoso que se enamoraba del sol. No. No era el único. Entonces tomó la decisión: bajo la luz de la primera luna llena partiría en busca del amor.
Y esa noche llegó. Al cerrar cuidadosamente la gran puerta del monasterio, su corazón se detuvo por un instante. Sólo un instante, pues al recordar que cada madrugada el sol descendía para bañarse en el océano sus pies comenzaron a correr hacia el mar . . .

18 octubre, 2006

Otra forma, otra agua.

Hace mucho, mucho tiempo en el país de los hielos nació un hermoso y delicado témpano. Su madre y su padre estuvieron felices con el nuevo miembro de la familia. Bebé témpano aprendió a flotar sobre las aguas muy pronto. Por una extraña razón su forma de flotar y tratar con las aves, focas y osos polares era diferente al resto. Él siempre estuvo consciente de esa diferencia. Y más que quedarse allí para flotar entre los hielos eternos siempre anheló irse junto al sol a tierra firme. Cuando cumplió la mayoría de edad de los témpanos, habló con su madre y su padre para que le dejasen partir al lugar donde siempre soñó estar. Mamá témpano lloró mucho, no le gustó para nada la idea. Papá témpano gritó y blasfemó. Argumentó que su origen era el agua, agua congelada; que su vida sólo la podía vivir siendo un gran trozo de hielo cuyo fin era albergar los nidos de las aves y los animales, que el gran creador de los hielos le castigaría por negarse a ser un témpano en el país de los témpanos. Nuestro amigo se puso muy triste, pero no le quedó otro camino para ser feliz que seguir a su corazón. Así una noche emprendió el viaje hacia la tierra que entibiaba el sol. Fue un largo camino. Una noche sus fuerzas se agotaron y quedó tendido en medio de un valle rodeado de árboles. Al amanecer comenzó a sentir el calor del sol. Poco a poco su cuerpo se fue disolviendo en una tibieza que se convirtió en el lago más hermoso de la zona. La noticia se difundió por todos los lugares. Y desde todos los rincones llegaron aves y animales a contemplarse en la aguas cristalinas del nuevo lago.
Una mañana llegaron al valle dos témpanos. Eran mamá y papá témpanos, quienes asustados por la noticia que había llegado a sus oídos, venían a ver en qué se había convertido su hijo. Grande fue la sorpresa cuando vieron que en ese valle rodeado de árboles,muchas aves y animales vivían en torno a un hermoso lago que se parecía mucho a quien había sido su bebé. Desde las profundidades escucharon una voz que les decía: "Soy yo, vuestro hijo. Aquí estoy. El creador no me castigó. Al contrario, ha dejado a mi cuidado varias de sus criaturas. Soy feliz y doy mucha felicidad a aves y animales igual que ustedes allá en el país de los hielos."
Mamá témpano exclamo:
-¡¡¡¿En qué te has convertido, hijo mío?!!!
-En un lago.
-Pero ¿que es esto de ser un lago? -replicó el papá-
-Papá, UN LAGO NO ES OTRA COSA QUE UNA FORMA DIFERENTE DE SER TÉMPANO, MÁS SUAVE, MÁS CÁLIDO, PERO AGUA AL FIN.

10 febrero, 2006

EL REGALO DEL PADRE...

Un hombre tenía dos hijos: el mayor, de gestos duros y mirada resuelta; y Ari, un muchacho de ojos dulces y movimientos vivaces. El hombre, un mercader muy respetado en la zona, les amaba entrañablemente.
Un día, al regresar a casa, encontró a su esposa llorando desconsoladamente. Ari, después de recoger unas prendas de ropa, se había marchado sin decir palabras. El mercader no se extrañó. A pesar de amar profundamente a su hijo, nunca había podido comunicarse con él. Algo ocultaba Ari en su corazón. Algo que les separaba a kilómetros de distancia aunque estuviesen frente a frente.
El mercader dejó a su hijo mayor a cargo de la casa y los negocios. Tomó lo que más amaba Ari: unas palomas mensajeras, las subió al carruaje y comenzó el viaje en busca del hijo que tanto
amaba.
Recorrió todos los lugares donde podía refugiarse un joven pero no encontró nada. Sólo quedaba un sitio que revisar. Tembló de miedo al pensar que su hijo estuviese refugiado en ese lugar. Pero su amor era más fuerte así que, casi sin darse cuenta, desvió el camino y tomó la ruta hacia el pueblo que ningún hombre decente se atrevía a visitar. El carruaje avanzó lentamente por un camino pedregoso y oscuro, rodeado de árboles que no dejaban ver el cielo. Mientras avanzaba, volvían a su mente las historias que había escuchado sobre ese lugar. Eran historias extrañas. Historias increíbles. "Allá sólo viven hombres. Hombres que por las noches se vuelven lobos y salen en busca de sus presas." "Allá todo es lujuria y un eterno carnaval." "Quien entra allá jamás sale." Historias extrañas. Historias increíbles. Historias que le hacían temblar.
Había caído la noche cuando el mercader llegó a las puertas de la ciudad. Explicó a los centinelas cuál era su propósito pero le negaron la entrada. Insistió varias veces. El arte para los negocios que tan bien conocía, no le sirvió de nada. Suplicó por saber si su hijo estaba allí, pero no obtuvo respuesta.
Abatido, se sentó apoyando la espalda en la gran pared que rodeaba al pueblo. Por la puerta vio salir a algunos jóvenes. Intentó preguntarles por Ari, pero hablaban un lenguaje que el no lograba entender. Se mantuvo despierto. No vio lobos escaparse durante la noche. Tampoco escucho ruidos de carnavales. Y varias hermosas mujeres salieron elegantemente vestidas con rumbo desconocido.
Al amanecer, una delicada mujer se le acercó. Sin saber porqué, el mercader cerró sus ojos. La mujer acarició el rostro del hombre con una ternura que le recordó a su madre. Luego le besó la frente y le susurró: “Ari está bien, Por fin es feliz. Vuelva tranquilo a casa”. En ese momento el hombre abrió sus ojos y descubrió el rostro dulce que le miraba.
“Sólo quiero verlo”, suplicó .
“Si entras allí jamás podrás salir” le contestó la mujer.
“No importa”.
“¿ No te importa? ”.
“Sólo quiero verlo, abrasarlo, darle mi bendición y entregarle sus palomas. Él amaba esas palomas”
“Ari está bien. Vuelva a casa”
La dulce mujer dio media vuelta y comenzó a caminar suavemente. Estaba a punto de cruzar la puerta de entrada al pueblo cuando el anciano mercader se lanzó sobre ella. Los guardias se asustaron mucho y confundiéndole con un asaltante le hirieron de muerte. El anciano reunió todas sus fuerzas y abrasó fuertemente a la dulce mujer. Luego cayó al suelo y allí tendido sobre la tierra se quitó el anillo de primogénito, esa joya destinada en herencia sólo al mayor de los hijos, y se lo puso en el dedo a la hermosa mujer que ahora lloraba a su lado.
¡ Eres mi hijo ¡
¡ Eres mi hijo, mi hijo amado ¡
¡ Siempre serás mi hijo amado !
Las palabras pronunciadas por el mercader retumbaron en todo el lugar haciendo que la jaula de las palomas se rompiera en mil pedazos. Las aves alzaron el vuelo hacia el infinito. Pronto regresaron llenas de luz y se posaron sobre el corazón del mercader que agonizaba. Allí en su pecho estuvieron hasta que el hombre expiró. Luego acompañaron a Ari volando a su alrededor.
Ari vivió mucho tiempo. Y tanto en los momentos de alegría como en los momentos de tristeza y soledad, estuvo acompañado por sus palomas que de tanto verlo maquillarse y cambiar de trajes se convirtieron en guapas chicas y entrañables amigas.
El mercader se fue al cielo y desde entonces, con permiso de la Diosa madre, envía una paloma a cada hermano de Ari. Es una paloma llena de luz. Es una paloma llena de amor, que después de atravesar el infinito se convierte en la entrañable prima, hermana o amiga que nos acompaña y comprende nuestras tristezas, nuestras alegrías. Es una amiga llena de luz. Es una amiga llena de amor. Es una paloma que envía el padre para recordarnos que somos sus hijos, sus hijos amados.

18 enero, 2006

Divas.


Hace mucho, mucho tiempo el ángel Nahuel se enamoró perdidamente de un joven y apuesto escultor. Como su amor era correspondido, todas las noches bajaba desde el cielo a reunirse con su amado. El amor entre ellos era tan puro y profundo que de las caricias y palabras dulces que se entregaban surgían luciérnagas que iluminaban la noche y acompañaban los árboles solitarios.
Nahuel era el ángel que tenía por misión cuidar y despertar los sueños que la Diosa Madre colocaba en el corazón de sus criaturas. Sí, porque la Gran Diosa siempre sueña con sus hijos antes de llamarlos a la vida. Sueña un gran sueño y luego guarda ese sueño en lo más profundo del corazón de su criatura. Era misión de Nahuel despertar el sueño de cada hijo para que poco a poco ese niño se pareciese más al hombre soñado por la Diosa.
El escultor, un joven apuesto, tenía las manos mas hermosas del universo y su misión era convertir las piedras en figuras dulces y maravillosas.
Nahuel sabía que las leyes del universo prohibían y castigaban el amor entre un ángel y un mortal, por eso no se sorprendió la madrugada en que los mensajeros de los Dioses le salieron al paso para evitar que regresara al cielo. Silenciosamente Nahuel entregó sus alas y los poderes mágicos que poseía a los mensajeros y regresó al lado de su amado quien en ese momento comenzaba a esculpir una hermosa muñeca.
Si bien los enamorados estaban felices pues pasarían el resto de la vida sin separarse, les preocupaba quién despertaría los sueños de los hijos de la Diosa Madre. Noche tras noche se sentaban tomados de las manos mirando al cielo, buscando una forma para continuar con la misión de Nahuel.
Un día los mortales comenzaron a hablar de la proximidad de un eclipse que dejaría el cielo completamente a oscuras. El joven escultor le dijo al ángel que era el momento adecuado para burlar a los mensajeros y viajar hasta donde vivía la Gran Diosa y encontrar una solución. Nahuel le recordó que ya no tenía alas para alzar el vuelo. El amado escultor solucionó el problema confeccionando unas alas livianas y suaves. Y para encontrar el camino en la oscuridad le regaló a Nahuel una muñeca llena de luciérnagas. Llegó la noche del eclipse y Nahuel partió a encontrarse con la Diosa Madre.
La Diosa se alegró mucho al ver a Nahuel y le entregó de inmediato nuevos poderes para que continuase despertando los sueños que ella deposita en el corazón de cada uno de sus hijos. El ángel estaba cansado por lo que la Diosa Madre le pidió que se quedara y recuperase fuerzas. Nahuel no quizo, pues debía aprovechar la oscuridad del eclipse para regresar a la tierra. Si era sorprendido, los mensajeros de los Dioses no le dejarían continuar su camino quedándose para siempre lejos de su amado. Diosa y ángel se abrasaron. Nahuel abrió sus alas y comenzó el regreso.
La oscuridad del eclipse confundió los caminos y Nahuel no pudo encontrar la ruta para volver a casa. Desesperado por la pronta llegada del amanecer reunió los nuevos poderes que la Diosa le había concedido y los ocultó en la muñeca llena de luciérnagas que su amado escultor le había entregado. Luego juntó toda la energía que le quedaba y se lanzó atravesando las nubes con la velocidad de un rayo. El roce con el viento destruyó por completo sus alas y su cuerpo frágil cayó sobre las olas del mar. Justo en ese momento aparecieron dos ángeles amigos quienes le ofrecieron llevarlo de regreso al cielo para que le curaran las heridas. Con voz entrecortada Nahuel les dijo que ya no era inmortal, que si lo llevaban al cielo sería sólo para morir y que si debía morir el prefería hacerlo al lado de su amado. Los ángeles insitieron e incluso prometieron que en el cielo recuperaría sus poderes, que pidiendo perdón volvería a ser un ángel inmortal. Nahuel sabía que eso significaba no regresar nunca mas a la tierra por lo que les rogó le acercaran a la orilla donde le esperaba su amado.
Sentado sobre unas rocas aguardaba el enamorado escultor quien había presentido la desgracia cuando llegó el amanecer. No tuvieron que explicarle nada. Recibió en sus brasos el cuerpo de su amado quien le entregó la muñeca que traía apretada contra su pecho. Nahuel abrió sus ojos para ver el rostro de su amado por última vez y en su mirada le transmitió todo el amor que sentía por él. El corazón de Nahuel dejó de latir. El corazón del escultor se estremeció. Besó los labios del ángel que había preferido morir en la tierra antes que vivir en el cielo lejos de él. Limpió el cuerpo de su amado, lo envolvió en una suave tela blanca y lo enterró junto al árbol donde vivían las luciérnagas que habían surgido de las caricias y palabras dulces que intercambiaban al amarse.
Desde esa triste noche el escultor, que tenía las manos mas hermosas del universo, comenzó sólo a esculpir muñecas iguales a la que había fabricado para su amado. No sabía porqué pero al ir dejándolas al lado de la muñeca que Nahuel le había devuelto antes de morir, el material duro en que habían sido esculpidas se transformaba en material blando y suave. Y cada vez que las miraba, despertaban sus sueños y ganas de vivir a pesar de la soledad.
Una mañana llegó al taller uno de sus clientes acompañado por un pequeño y delicado niño. El hombre se decepcionó mucho pues no había ninguna obra que pudiese llevar a casa. No así su hijo, quien se alegró al descubrir las muñecas del escultor. Después de un largo tiempo en el que trató de convencer a su hijo que un niño no juega con muñecas tuvo que ceder y acabó comprando el juguete al niño pequeño y delicado que cada vez que miraba la muñeca sonreía y comenzaba a parecerse más a Nahuel. Fue entonces cuando el joven escultor comprendió que su amado no sólo había querido morir junto a él sino que también había querido que él asumiera la misión de despertar los sueños que la Diosa Madre coloca en cada una sus criaturas al llamarlas a la vida.
A partir de ese instante el escultor se dedicó a repartir muñecas a los hijos de la Gran Diosa Madre. Muñecas que al estar cubiertas por luciérnagas algunos les llaman "Divas".
Los chicos estos, las reciben y bautizan de inmediato...UNOS LE COLOCAN POR NOMBRE CHER, OTROS MADONNA, ALGUNOS BRITNEY, BJORK O PAULINA. Cada uno elige el nombre que más le gusta y tarde o temprano descubren que lo que tanto admiran en su muñeca no son mas que las virtudes y dones que la diosa ha depositado en ellos para que los desarrollen y cada día se parezcan un poco más a Nahuel: el ángel que se convirtió en hombre para amar.
FIN

12 enero, 2006

Hace mucho, mucho tiempo.

Hace mucho, mucho tiempo la tierra entró en un periodo de frío que congeló el corazón de los hombres y la sonrisa de las mujeres. Las nubes cubrieron el sol y la nieve fue cubriendo casi toda la superficie del planeta. Los mares y los ríos detuvieron su acostumbrado fluir entrando en un largo tiempo de espera. Fue entonces cuando los dioses desesperados y dejando de lado todas sus rivalidades decidieron reunirse para encontrar la forma de entibiar la tierra. Nada resultó. La tristeza de los hombres y las mujeres era más fuerte que el calor que podía enviarles el sol. Estaban a punto de darse por vencidos cuando uno de ellos, el más viejo, les recordó que en esa reunión faltaba una invitada. Todos sabían que se refería a la gran Diosa Madre. Guardaron silencio. Nadie se atrevió a justificar el no haberla invitado. Nadie se atrevió ordenar que la fuesen a buscar. Y en ese largo silencio recordaron los tiempos en que la gran Diosa Madre fue apartada de todos los reinos debiéndo marchar junto a sus hijos varones a un lugar oculto bajo la superficie de la tierra. Allí, alrededor de una gran cascada que al caer sobre un pequeño lago formaba el arco iris mas grande y hermoso del universo, fundaron un pequeño reino donde todos vivían en paz y armonía. No había armas y menos guerreros. La rudeza propia de los hombres se había convertido en ternura fraterna. Y la pasión desenfrenada había dado paso al amor más dulce que les llevaba a unir cuerpos y almas en compromisos eternos. En vez de leyes, jueces y cárceles había amor, hermanos y nuevas oportunidades. Las esmeraldas, los diamantes y el oro eran convertidos en preciosos collares que se dejaban abandonados en cualquier lugar para ser tomados por quien deseara usarlos. En las plazas siempre había alguien tocando música para alegrar la vida de quienes se acercaban a disfrutar de los colores y las creaciones de los más jóvenes que siempre estaban inventando formas nuevas de vestirse. Era costumbre del reino que los enamorados intercambiaran perfumes creados usando secretos ancestrales. Todos vivían en perfecta armonía. Y como habían extirpado de sus corazones la violencia se habían convertido en seres inmortales.

-Tal vez ella, la Diosa Madre, podría ayudarnos, dijo uno de los dioses, rompiendo el silencio.
-Tendríamos que pedirle perdón e implorar su ayuda, agregó el más joven.
-No será necesario, interrumpió una voz femenina que se abría paso entre los guardias que cuidaban la entrada al gran salón. Vuestros mensajeros han sido más sabio que ustedes y han ido por mí. Gustosa he venido a ayudaros. Contadme.
Con voz temblorosa y sin levantar la vista del suelo, el dios mayor se dirigió a la Diosa:
-La tierra se muere. Hace un tiempo los hombres perdieron la alegría y cayeron en una tristeza que contagió a las mujeres y cubrió el cielo. Para el sol ha sido imposible entibiar los ríos y mares que se han congelado. Tampoco ha podido derretir la nieve que aprovechando la oscuridad cubrió toda la superficie.
Los ojos de la Diosa se humedecieron. Su rostro, por primera vez, mostró un gesto de pena y dolor. Su corazón se llenó de compasión y con la dulzura de una madre les dijo:
-Todos sabíamos que esto sucedería. Os lo dije la tarde en que fui expulsada junto a mis hijos:”No podréis construir una humanidad feliz, si dejas una parte de ella fuera sólo porque os molesta su forma de amar”.
-Debemos reconocer que teníais razón. No nos queda más que solicitar tu perdón e implorar tu ayuda.
- No he venido a refregaros vuestras equivocaciones. No os preocupéis. La creación será completada. Mis hijos se encargarán.

La diosa madre se reunió con sus hijos. La separación era dolorosa para todos pero en especial para aquellos que se habían unido en parejas. Sólo aceptaron partir porque intuían que era el momento de completar la creación. Antes de partir hicieron la promesa de reencontrarse algún día. La Diosa Madre les dio sonriendo su bendición. Uno a uno fue besándoles en la frente. Uno a uno partieron rumbo a la tierra con la misión de devolverle su alegría y su color. Uno a uno se fueron mezclando con los hombres y mujeres tristes. Lo primero que hicieron fue reabrir las tabernas y llenarlas de música y canto. Luego comenzaron a inventar peinados y cortes de pelo que alegraron a las mujeres. También diseñaron vestidos y trajes para alegrar a los hombres. Sacaron de sus bolsos los exquisitos perfumes que habían aprendido a elaborar y los repartieron para que hombres y mujeres se enamoraran. Por donde pasaban dejaban estelas de colores, amor y mucha algarabía. Y así poco a poco el frío fue escapando, la nieve desapareciendo y los ríos descongelándose. Las nubes de tristeza se esfumaron con los poemas y canciones inventadas por estos hermosos extraños. La tierra se volvió a entibiar. Mujeres y hombres recuperaron la alegría. Entonces llegó el momento de regresar al reino de la gran cascada que caía sobre el pequeño lago formando el arco iris más hermoso del universo. Sin embargo los corazones sensibles de estos hombres intuyeron que la tierra nunca estaría libre de la amenaza del frío y la tristeza. Entonces en un gran acto de amor decidieron quedarse. Salieron a buscar sus parejas y a mimetizarse con el mundo. Desde entonces la tierra no ha perdido su calor ni sus ganas de reír. De vez en cuando la Diosa Madre envía nuevos seres extraños que recogen los disfraces de sus antepasados y se van por el mundo alegrando a la humanidad. Algunos se disfrazan de decoradores. Otros de enamorados peluqueros. Algunos se dedican a crear hermosos trajes para las novias de los hermosos varones que miran de reojo. Y otros no dejan de fabricar exquisitos perfumes que alegran a las muchachas y enloquecen a los muchachos. Los más alegres se quedan en las tabernas y emplumados hacen shows hasta el amanecer cuidando que la tristeza no invada ningún corazón. Algunos se disfrazan de cantantes y hacen al mundo entero bailar y cantar. Unos se visten de cuerdos y pasan desapercibidos amando en silencio, otros simplemente se visten de locas, locas que aman a rabiar. Y cuando la vida de alguno se apaga las estrellas alumbran más fuerte y despiertan a la Diosa Madre, que baja a recoger sus cuerpos para llevarlos de regreso al reino de la cascada que al caer sobre un pequeño lago forma el arcoiris más hermoso del universo. Allí despiertan. Allí se encuentran. Allí vuelven a sonreír.

10 enero, 2006

AGUA SUCIA.

Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar escondido de la Gran Cordillera surgió el “Reino de Las Fuentes Cristalinas”. Le llamaron así pues sus habitantes nacieron de gotas de agua pura y recibieron la misión de reflejar la luna y el cielo, y así acercar los seres de la tierra al infinito.
Un día el rey mandó a llamar a todos los magos y hechiceros del reino para que le ayudasen a solucionar el gran problema que le estaba provocando Jahuel, uno de sus súbditos más inteligentes y hermosos. A sus quince años, Jahuel se mostraba demasiado libre frente al comportamiento tradicional del resto de los varones. No asistía a las reuniones de guerreros y no mostraba interés alguno por el arte de la guerra. Y sin embargo, o por eso mismo era tremendamente sabio y feliz. Su especial sensibilidad le había convertido en el amigo que todas las mujeres buscaban. A él acudían para consultarle desde el color más apropiado para sus trajes hasta si tal o cual joven sería un buen marido. El rey estaba furioso:
-¿Qué será de mi reino si los guerreros mañana se preocupan más de las telas que de las armas? ¿Y mi hijo, tendrá que rodearse de doncellas para poder reinar? No. Ofrezco un baúl lleno de oro para quien me dé la solución.
El mago más ambicioso pidió la palabra:
-Conozco el corazón de Jahuel. Allí está la única forma de destruirlo.
-Habla, dijo el rey, indicando con su mano el gran baúl de oro.
-Su corazón sólo late en la espera del amor de otro joven como él. Puedo hacer un hechizo que le lleve a creer que ese sentimiento es lo más asqueroso que puede sentir una criatura. Jahuel no tendrá razón alguna para seguir viviendo.
Otro mago pidió la palabra:
-No será suficiente. La amargura y la verguenza de Jahuel podrían atraer el consuelo de las doncellas que tanto le quieren. Yo le ofrezco, su alteza, un hechizo más poderoso: Todos los habitantes del mundo pensarán que el amor entre dos hombres es lo más sucio que existe. Jahuel no tendrá quien le consuele.
-Magnífico, exclamó el rey.
Desde el fondo del salón emergió una voz fuerte:
-Pero Jahuel continuará viviendo entre nosotros. Y siempre existirá la posibilidad de que alguien deshaga el hechizo. Yo puedo quitarle la sonrisa a Jahuel y lanzarla más allá de los límites de este reino. Jahuel tendrá que partir en su búsqueda. Vagará por el mundo. Jamás regresará. Morirá de pena al no poder volver a ver la luna reflejada en las aguas claras y cristalinas de donde surgió.
-Extraordinario.
El rey que temía que Jahuel desplazara al príncipe heredero en popularidad, exigió que los tres hechizos fueran lanzados contra el joven lo antes posible.
-Un momento, exclamó el único mago que había mantenido un sospechoso silencio. Ningún hechizo es eterno. Además hay un solo baúl de oro. Es imposible decidir cuál de los hechizos tiene más valor. Propongo que el oro sea entregado a quien traiga los zapatos de Jahuel como verdadera prueba de que los hechizos serán eternos.
-De acuerdo- dijo el rey.
Al atardecer del día siguiente, Jahuel como de costumbre y como todos los habitantes del reino, se acercó descalzo a las fuentes de aguas cristalinas para ver reflejada la luna y llenarse de cielo e infinito. A medida que avanzaba comenzó a sentirse sucio, indigno. Su corazón se llenó de miedo. Buscó la mirada de sus amigas y sólo encontró rechazo. Bruscamente sus pasos fueron detenidos por sus hermanos que le exigieron se apartara pues se había convertido en un ser indigno y sucio. Jahuel intentó sonreírles pero sus labios no le respondieron. Su rostro se apagó y sintió unos enormes deseos de escapar. Regresó a casa. Reunió sus cosas. Por más que buscó no encontró sus zapatos. No queriendo postergar la partida emprendió el camino con los pies desnudos.
Caminó sin rumbo. Perdido. Por las noches, cuando descansaba, sus lágrimas no le dejaban ver la luna. Durante el día, la soledad le impedía ver a su alrededor. Un atardecer se sentó sobre una piedra frente a la cual un delgado hilo de agua pura y cristalina descendía formando un pequeño charco. Con nostalgia se acercó a mirarla, pero los ojos se fijaron en sus pies que lucían heridos, maltratados, sucios. Decidió, contra toda esperanza, limpiar sus pies. El líquido cristalino fue removiendo la sangre seca mezclada con tierra y piedrecillas que se habían pegado a sus pies durante su largo caminar. Las lágrimas que surgían por el dolor limpiaban su rostro arrastrando el sudor y la piel rasgada por el sol. Jahuel se armó de valor y miró la fuente que se había transformado en agua sucia y turbia al poner sus pies bajo el chorro de agua cristalina. Y grande fue su sorpresa cuando vio que en ese charco de agua sucia también se reflejaban la luna y las estrellas. Su corazón se estremeció. La sonrisa retornó a sus labios. Desde los arbustos surgió la figura de un anciano hechicero quien le dijo: “HASTA UNA GOTA DE AGUA SUCIA PUEDE REFLEJAR LA LUNA, EL CIELO, EL INFINITO”. Jahuel vio que sus zapatos habían aparecido sobre el pasto que rodeaba el charco. Los recogió, se calzó e inició el regreso a casa.

05 enero, 2006

Un tempano de hielo...

Hace mucho, mucho tiempo en el país de los hielos nació un hermoso y delicado témpano. Su madre y su padre estuvieron felices con el nuevo miembro de la familia. Bebé témpano aprendió a flotar sobre las aguas muy pronto. Por una extraña razón su forma de flotar y tratar con las aves, focas y osos polares era diferente al resto. Él siempre estuvo consciente de esa diferencia. Y más que quedarse allí para flotar entre los hielos eternos siempre anheló irse junto al sol a tierra firme. Cuando cumplió la mayoría de edad de los témpanos, habló con su madre y su padre para que le dejasen partir al lugar donde siempre soñó estar. Mamá témpano lloró mucho, no le gustó para nada la idea. Papá témpano gritó y blasfemó. Argumentó que su origen era el agua, agua congelada; que su vida sólo la podía vivir siendo un gran trozo de hielo cuyo fin era albergar los nidos de las aves y los animales, que el gran creador de los hielos le castigaría por negarse a ser un témpano en el país de los témpanos. Nuestro amigo se puso muy triste, pero no le quedó otro camino para ser feliz que seguir a su corazón. Así una noche emprendió el viaje hacia la tierra que entibiaba el sol. Fue un largo camino. Una noche sus fuerzas se agotaron y quedó tendido en medio de un valle rodeado de árboles. Al amanecer comenzó a sentir el calor del sol. Poco a poco su cuerpo se fue disolviendo en una tibieza que se convirtió en el lago más hermoso de la zona. La noticia se difundió por todos los lugares. Y desde todos los rincones llegaron aves y animales a contemplarse en la aguas cristalinas del nuevo lago.
Una mañana llegaron al valle dos témpanos. Eran mamá y papá témpanos, quienes asustados por la noticia que había llegado a sus oídos, venían a ver en qué se había convertido su hijo. Grande fue la sorpresa cuando vieron que en ese valle rodeado de árboles,muchas aves y animales vivían en torno a un hermoso lago que se parecía mucho a quien había sido su bebé. Desde las profundidades escucharon una voz que les decía: "Soy yo, vuestro hijo. Aquí estoy. El creador no me castigó. Al contrario, ha dejado a mi cuidado varias de sus criaturas. Soy feliz y doy mucha felicidad a aves y animales igual que ustedes allá en el país de los hielos."
Mamá témpano exclamo:
-¡¡¡¿En qué te has convertido, hijo mío?!!!
-En un lago.
-Pero ¿que es esto de ser un lago? -replicó el papá-
-Papá, UN LAGO NO ES OTRA COSA QUE UNA FORMA DIFERENTE DE SER TÉMPANO, MÁS SUAVE, MÁS CÁLIDO, PERO AGUA AL FIN.